Trabajo, historia de Roberto

Hay 23 personas llamadas Roberto Navazo. Nuestro protagonista de ficción nace en Toledo. Desde ahí se forma con el Bachillerato científico y más adelante pasa a ser alumno de la Universidad Complutense de Madrid, donde pasa jornadas de largas horas en la biblioteca María Zambrano.

Mientras completa sus estudios, nuestro querido Roberto busca pequeños trabajos que le permitan tener ingresos para cubrir sus gastos. Como otros tantos jóvenes, aprovecha sus conocimientos de diseño gráfico y hace trabajos para varias empresas madrileñas. Su primera oportunidad llega de la mano de una empresa de servicios. Sin ser un trabajo muy glamuroso sí que le permite conocer más clientes del sector. Gracias a que se dedico de lleno a dar un servicio de calidad, su estilo y sus conocimientos de diseño gráfico gustaron y así terminó haciéndose cargo de las webs de otras empresas similares.

Desde luego su sueño no era terminar teniendo una cartera de clientes en el mundo de los desatrancos y la pocería, pero como todo joven debía hacerse un pequeño portfolio de trabajos e ir ganando experiencia. Además, estos ingresos extra le venían de perlas para pequeños gastos mientras seguía cursando sus estudios.

En lugar de confiar en becas u otras ayudas, Roberto se centró en ser independiente económicamente, algo nada sencillo pero muy satisfactorio. Si recibía una beca, perfecto. Y si esa oportunidad no llegaba, él no se lamentaría. Ya tenía una serie de pequeños encargos que le permitían subsistir. Así, casí sin darse cuenta había pasado a tener una mentalidad que le sería muy útil en su futuro, ese lugar donde a todos nos aguardan tropiezos y complicaciones inesperadas.

En la universidad conocería a una compañera cuyos tios regentaban un negocio bien diferente: dietas y nutrición. Pero aunque el tema era bien alejado de sus anteriores encargos para empresas de desatrancos, sus habilidades como diseñador eran igualmente útiles. La compañera les puso en contacto y a partir de ahí nacieron varias colaboraciones, siendo la primera de ellas una web sobre recetas, que sería seguida por otra similar y finalmente una tercera.

Mientras iba completando estos trabajos, más bien, entre proyecto y proyecto, aprovechaba el poco tiempo libre que tenía por las tardes para estudiar materias relacionadas en internet. Leía todo artículo que caía en sus manos sobre el tema. Poco a poco aprendió a separar el grano de la paja, pues mucha de la información que encontraba online era repetitiva o demasiado superficial.

¿Cómo saber qué era interesante y qué era intrascendente? A fuerza de leer todo e ir creando un criterio propio. No hay otra manera. Siempre había recomendaciones sobre nueva información, que prometía ser revolucionaria. Con el tiempo ya iba conociendo la jerga del sector y eso le facilitaba identificar a quien realmente tenía algo que aportar, de quien sólo quería vender un producto o servicio.

Seguramente este era su activo más valioso: su criterio y sus fuentes de información, aquellas en las que realmente confiaba. Llegar hasta ahí habia supuesto un sinfín de horas de lectura, estudio, prueba y error. Pero era tiempo bien invertido, todo aquel que te lleve a amueblar la cabeza.

Y así fueron pasando las semanas, los meses y finalmente los años. Para cuando terminó la carrera Roberto tenía contactos que le habían proporcionado varios trabajos, una cartera de trabajos que enseñar a modo de experiencia, y más conocimientos reales sobre el sector que la mayoría de sus compañeros. Lo que es más importante, había aprendido a no depender de nadie y a valerse por sí mismo.

Todos salían de la graduación con su título bajo el brazo, pero pocos podían presumir de ser personas que realmente estaban preparadas para el esfuerzo y tesón que supone el mundo profesional. Roberto era una de ellas, aunque desde luego presumir no era su estilo. "Un paso cada vez", era uno de sus lemas y así veía él su situación actual: graduarse no era una meta ni un fin, era sólo un paso más. Todo lo hecho hasta el momento es lo que le había llevado allí, y el siguiente gran hito sólo se alcanzaría dando un paso cada vez. No era hombre de grandes gestas, sino de esfuerzo y trabajo continuo, que va sumando y se convierte en una fuerza constante.